¿Lo hacemos bien o como siempre? Nuestro compromiso con la excelencia

compromiso-excelencia-grande

PYP ENERGÍA somos una empresa y como tal pensada para ganar dinero y tener beneficios. En este sentido, podemos considerarnos una empresa bastante normal: vimos donde había una necesidad, sabíamos cómo satisfacerla de manera rentable y nos pusimos a ello.

Lo que nos hace algo distintos, si se quiere especiales, es nuestro inconformismo y la heterodoxia de los caminos que empleamos. Así que la ecuación convencional de lo que se supone que es un negocio no nos basta: no nos basta con ser capaces de facilitar un bien o servicio al que lo demanda al menor costo posible y con el mayor margen de ganancia posible. No. Y no nos basta porque nosotros estamos convencidos de que ganar dinero no es sinónimo de tener beneficios.

La importancia de lo que no se percibe

En PyP energía sabemos que existen intangibles en los procesos de producción que no podemos cuantificar con las herramientas al uso: no todo en esta vida se refleja en un estadillo contable o se puede monetizar fácilmente. No todo tiene un precio, y aunque todo acaba costando, no siempre se paga en dinero. Es lo que REBECCA HENDESON, doctora en Economía y Empresas de HARVARD y profesora de una asignatura con el sugerente nombre de REIMAGINANDO EL CAPITALISMO, sintetizaba en una entrevista para BBC NEWS en la que señaló que “si puedes tirar dióxido de carbono por la ventana y no pagar el costo, no tienes un mercado realmente competitivo, con precios que reflejen el verdadero valor de lo que se vende y se compra”. Este es un ejemplo clarísimo en materia medioambiental. Pero de la misma forma ocurre si comparamos en condiciones laborales de salubridad y seguridad, retorno a la sociedad del estrés productivo o en el cuidado y reposición de las materias primas que empleamos.

De hecho, cada vez hay más economistas y sociólogos que señalan a esta realidad como la gran protagonista del momento socioeconómico que vivimos a nivel mundial y la razón última de las crisis que estamos viviendo con sus devastadoras consecuencias: el sistema no computa muchas de estas variables y se producen terribles abusos que afectan no solo a la competencia sino a la propia existencia.

Porque, aunque nos cueste relacionarlo, lo que subyace bajo la famosa crisis de LAS SUBPIME y bajo la que ha generado LA COVID 19, es precisamente eso: son el resultado de hacer las cosas ‘como siempre’ sin tener en cuenta los intangibles. Y ambas crisis parecen hijas de la famosa frase atribuida -con dudas- a GROUCHO MARX que decía ‘ESTOS SON MIS PRINCIPIOS, SI NO LE GUSTAN, TENGO OTROS. La primera es una crisis financiera y social; la segunda, sociosanitaria y medioambiental. Sí. Pero las dos han entrado en nuestras vidas por una puerta sin vigilancia: la puerta en la que no hay ni principios ni valores ni compromisos más allá del ‘yo, aquí y ahora’.

Para colmo, al final tenemos la sensación de que la factura de las enfermedades que LA DEFORESTACIÓN Y LA ZOONOSIS pueden provocar; o la factura que nos dejó la especulación de RESPETABLES INVERSORES INMOBILIARIOS en 2008, la acabamos pagando entre todos mientras penaliza muy poco o nada a los responsables del desaguisado que, rápidamente, pasan página sobre lo ocurrido y si NO APROVECHAN incluso la coyuntura para seguir con su marcha, por lo menos salen casi indemnes de ella.

Así que no parece descabellado hacer lo que el gran WOODY ALLEN nos sugiere con el título de uno de sus clásicos: ‘COGE LE DINERO Y CORRE’. Pero ¿A dónde vamos con el botín? Y, sobre todo ¿Por cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo se va a poder sostener esta forma de hacer las cosas? Está claro que, si olvidamos al cliente, a la sociedad en la que estamos creciendo o al medio natural en el que vivimos, podremos ganar dinero. Y mucho, sí. Pero nos servirá de muy poco y, desde luego, ese dinero no podremos considerarlo nunca como ’beneficios’.

La otra posibilidad que tensemos es empezar a corregir lo que nos está fallando en el proceso ‘estándar’. Y lo que falla es considerar que la empresa es como una isla que flota en un mar de dinero y sólo hay que inventar una manera de pescar más dinero que los demás en el menor tiempo posible. Vaciar el mar y acapararlo en la isla. Porque resulta que las empresas no flotan en un mar de dinero sino en una red de seguridad tejida por una sociedad y tendida en un medio natural que la sustenta. La empresa forma parte de una comunidad. Está unida de manera SIMBIÓTICA, a otras empresas, a la sociedad. Forma parte de un entramado de vidas y si flota, lo hace sobre un lago de materias primas y energía finitos, mensurables y necesarios para poder manufacturar bienes y servicios a otras empresas, a otras personas.

Así que, incluso por puro egoísmo, pensando en nuestra propia subsistencia, nosotros añadimos a la ecuación productiva una palabra más: respeto. Nos exigimos respeto. Respetar al cliente, a nuestros trabajadores, a la sociedad en la que estamos creciendo y al medio natural en el que vivimos. Y sólo cuando lo que hacemos cumple con este cuádruple respeto, entendemos que se puede hablar propiamente de beneficios.

Esto es un paso más en lo que actualmente se conoce en el mundo de las empresas como la ‘Responsabilidad Social Corporativa’ o RSC  si la designamos por sus siglas. Una figura que lleva instalada en la cultura empresarial occidental un cierto tiempo, una figura que permite a la empresa establecer canales de retorno a la sociedad -suelen justificarlo como la manera de devolver a la sociedad parte de lo mucho que les ha dado-; y es una manera de conseguir estar entre su público, en la vida de sus clientes, más allá de los sus bienes y servicios que ofrecen.

En nuestro caso, entendemos que con esta Responsabilidad Social Corporativa no tratamos de ‘devolver a la sociedad parte de lo mucho que nos ha dado’ sino que miramos decididamente hacia el futuro, pensando en la mejor manera de que todos podamos aprovechar lo que tiene, ofrece y hace PyP Energía.

Se trata, en definitiva, de dar lo mejor que tenemos al cliente, al trabajador que nos brinda su conocimiento y mano de obra, a la sociedad y al medio natural. Una actitud que hemos somatizado  y que traducimos en una palabra que nos gusta mucho: la excelencia. Al menos en la primera acepción que nos ofrece el Diccionario de la REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: “superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo”.

Nosotros no conocemos otra manera de conseguir una calidad o bondad superior, si no es haciendo las cosas bien: esto es, con los mejores materiales, con los mejores trabajadores, cuidando y protegiendo sus condiciones laborales, estudiando y planificando bien el desarrollo de cada proyecto, usando la mejor tecnología posible y las maquinarias no sólo más nuevas sino también las más vanguardistas del momento. Es lo que ofrecemos. Ahora tú eliges también ¿Quieres hacer las cosas bien o como siempre?

En PyP Energía entendemos que los beneficios sólo pueden ser considerados como tal si realmente respetan y tienen en cuenta al cliente, a nuestros trabajadores, a la sociedad en la que crecemos y al medio natural en el que vivimos.

  • Pensamos que conseguir la excelencia en nuestros proyectos es la mejor manera de garantizar que nuestros beneficios cumplen con ese cuádruple objetivo de respeto.
  • Sabemos que hay factores de la producción intangibles, que no tienen posible reflejo en un estadillo contable o no se pueden monetizar y, sin embargo, afectan a nuestra vida y a nuestro entorno de manera decisiv

Deja un comentario