Lecciones para la era pos-coronavirus
A menudo nuestros clientes nos preguntan si compensa esta apuesta que hacemos en PYP ENERGIA por las energías limpias y la última tecnología. Y lo cierto es que los números están ahí y demuestran que nuestra apuesta por la excelencia y la calidad es rentable para nuestros clientes, para nosotros y también para el planeta.
Pero al hilo de esta pregunta, conviene hacer una pequeña reflexión: si es verdad aquello de que no hay mal que por bien no venga, la irrupción de la COVID-19 en nuestras vidas podría tener su lado positivo en la lucha contra el CALENTAMIENTO GLOBAL y son varias las razones que así lo señalan.
La primera razón nos lleva de cabeza a las consecuencias inmediatas que ha provocado el virus como ha sido la ‘parada industrial’ que hemos vivido: ya en los primeros meses de la pandemia, la AGENCIA DE ENERGÍA INTERNACIONAL hacía pública una estimación recogida por varios medios de comunicación según la cual, la caída en el consumo energético a lo largo del 2020 supondría un seis por ciento o lo que es lo mismo, la demanda energética de India, uno de los tigres emergentes de Asia.
Consumo energético y COVID
El reverso de esta percepción, de esta cara de la moneda si se quiere naïf, sobre los efectos de la Covid 19 es que la reducción del consumo energético y de su relación directa con la emisión de gases de efecto invernadero se debe a la caída de la actividad industrial y esto significa aumento del paro y más pobreza. Es el Fondo Monetario Internacional el que pone la cifra en su última entrega de sus “PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA MUNDIAL” la correspondiente a octubre de 2020, antes de que la incidencia de la segunda y la tercera ola de la enfermedad nos sacudiera. El informe comienza directamente así: “desde comienzos del año, la pandemia de Covid 19 ha cobrado más de un millón de vidas, y aún no ha tocado a su fin. Muchas más personas han padecido graves dolencias. Se prevé que este año casi 90 millones de personas caerán en la indigencia”. Una forma estremecedora de comenzar un informe de marcado carácter financiero. Esta es la otra cara de la realidad que no se debe olvidar y que nos lleva de cabeza al segundo indicativo que nos hace pensar que la Covid 19 puede ser una nueva oportunidad para que nos tomemos en serio un cambio en nuestros modelos de explotación de los recursos naturales.
Y es que va a ser en la era ‘pos-pandemia’, tal y como señalaba en una entrevista a la agencia EFE la directora ejecutiva del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, INGER ANDERSENM, cuando realmente tengamos la oportunidad de hacer algo eficaz no sólo para curar el clima de la tierra sino y prevenir futuras pandemias sino también para iniciar un camino de reactivación económica y social que rescate de la pobreza a esos 90 millones de seres humanos. Y es que estos objetivos tienen un mismo camino: articular un futuro en el que el respeto por el medio ambiente esté en el centro de las políticas de desarrollo.
Andersenm explicaba en esa ENTREVISTA cómo el Coronavirus ha venido a demostrar la urgencia que hay por preservar la biodiversidad como escudo natural para evitar la ‘zoonosis’ es decir, el salto de virus habituales en determinados animales a la especie humana. La ecuación se puede explicar de una manera muy sencilla: si el virus no encuentra a su huésped habitual -porque lo hemos diezmado al acabar con su ecosistema- buscará otro en el que alojarse. Y el huésped que más probabilidades tiene de albergarlo es la especie que, en la actualidad, campa a sus anchas por todo el planeta, ocupa y sobrevive en todos los ecosistemas y lo hace con relativo éxito: el ser humano.
Cambio en el planeta
A la vista de lo ocurrido con la Covid19, podemos intuir qué podría pasar en un planeta con condiciones más favorables los virus: menos barreras naturales para evitar el salto y tres o cuatro grados de temperatura más cálido para facilitar su reproducción… No hace falta mucha imaginación para deducirlo pero, por si acaso, a esta pregunta -qué nos espera de seguir así- acaban de responder un grupo de expertos y científicos convocados por la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) dependiente de la ONU, en un taller urgente que se ha desarrollado de manera telemática, dedicado a estudiar la relación entre la degradación de la naturaleza y el aumento de los riesgos de pandemia.
Estos expertos han recordado que la Covid 19 es la sexta pandemia global que sufre el planeta, que sufrimos los humanos, desde 1918. También han señalado que “su aparición ha sido impulsada enteramente por actividades humanas”. Una afirmación categórica que se puede leer tal cual en la NOTA DE PRENSA difundida desde la propia página web de la organización. Por ser más claros, el dr. PETER DASZAK, presidente de EcoHealth Alliance y del taller de la IPBES explicitamente señala que “no hay un gran misterio sobre la causa de la pandemia de COVID-19 —o de cualquier pandemia moderna—. Las mismas actividades humanas que impulsan el cambio climático y la pérdida de generan riesgos de pandemia a través de sus impactos en nuestro medio ambiente”.
Más aún, según recoge este documento, los expertos que han debatido esta cuestión estiman que ”1,7 millones de de virus actualmente “no descubiertos” existen en mamíferos y aves, de los cuales hasta 850.000 podrían tener la capacidad de infectar a las personas”. Estamos, pues, ante un elevado riesgo de repetir -como en el día de la marmota- este calvario que estamos sufriendo con la Covid 19 con otros 850.000 bichitos con capacidades destructivas todavía por definir. Una amenaza que a estas alturas, cuando ya le hemos visto las orejas al lobo, hay que empezar a tomarlas en consideración.
¿Qué podemos hacer ahora?
La pregunta inmediata es ¿qué podemos hacer ahora? Y estos mismos expertos la contestan: “coinciden en que escapar de la era de las pandemias es posible, pero esto requerirá un cambio radical en el enfoque para pasar de la reacción a la prevención”. Es decir: se acabó la actitud contemplativa y el esperar a que el bicho de turno venga, hay que tomar la iniciativa y actuar para impedir que llegue a nosotros.
La otra derivada es también muy comprensible: en el momento de la reconstrucción de los daños generados por el virus podemos optar por repetir modelos y, por lo tanto, errores; o podemos, tal y como señala Andersemn, “avanzar hacia inversiones verdes, como la energía renovable, la vivienda inteligente, contratación pública ecológica, transporte público, todo ello en el marco de unos principios y estándares de producción y consumo sostenibles”.
Así las cosas, si bien es cierto que el papel principal de esta partida lo deben de jugar de manera global gobiernos y administraciones facilitando ese cambio de modelo de desarrollo, nada será bastante si no hay un compromiso personal con ese cambio y una voluntad de caminar, en lo individual, en esa dirección y de empujar a gobiernos y administradores a recorrer ese camino.
➢ El Coronavirus ha venido a demostrar la urgencia que hay por preservar la biodiversidad como escudo para defender la vida humana
➢ Expertos convocados por la ONU coinciden en señalar que mantener los procesos productivos y su intensidad nos expone a sufrir nuevas pandemias agravadas por le calentamiento global
➢ Se estima que en la actualidad existen 850.000 virus susceptibles de saltar desde los animales a las personas y provocar una nueva pandemia
