Sol y energía
Es muy probable que nuestro lado mas noctámbulo cante con aquel Sabina calavera aquello de “PEOR PARA EL SOL...” Pero, querencias de trasnochador aparte, mejor para todos que exista esa bola incandescente imprescindible para explicar la vida en el planeta Tierra y, a sus 4600 millones de años, sigue siendo responsable, directa o indirectamente del milagro que supone nuestra subsistencia: sin la fotosíntesis de las plantas, nuestra vida sería imposible, es el calor del Sol el motor que empuja a la semillas a germinar o, mucho más curioso, que nosotros mismos tenemos un reloj solar en nuestro interior llamado NÚCLEO SUPRAQIOASMÁTICO (NSQ) que regula todos nuestros ritmos vitales.
El papel del Sol
Sólo por estos detalles ya le debemos un respeto a nuestro querido Sol. Pero hay más: en los próximos años el papel del Sol en nuestra vida y en nuestro bienestar va a ser determinante ya que la energía que nos aporta (y que podríamos aprovechar mucho más de lo que lo hacemos) es 4.500 veces la energía que consumimos. Es un regalo constante que llega a la superficie terrestre y que ahora estamos empezando a controlar, a poder almacenar y a poder utilizar en nuestra vida cotidiana generando desarrollo económico, bienestar social y respetando el medio ambiente como pocos.
Es cierto que todavía queda mucho por estudiar sobre cómo podemos aprovechar toda esa energía para hacer nuestra vida más agradable pero, lo que parece evidente es que su concurso va a ser necesario -y es urgente que lo asumamos- si queremos preservar la vida en el planeta y desmontar los efectos nocivos que nuestros procesos de industrialización han causado -están causando- no sólo en el clima sino también en el desarrollo de nuestros procesos económicos y sociales.
No en vano, cada vez más, expertos y administraciones introducen en el debate sobre el diseño de la sociedad a la que debemos tender y de las políticas que se deben de seguir para lograrla, conceptos como el de la SOBERANÍA ALIMENTARIA, el BALANCE HÍDRICO o el de la SOBERANÍA ENERGÉTICA. Conceptos tradicionalmente ligados a clichés como el del desarrollo sostenible, el respeto medioambiental y a la biodiversidad, o la responsabilidad social, pero que ahora aparecen imbricados también con conceptos económicos como el de ‘ventaja comparativa en los procesos productivos’, el ‘ahorro de costes’ o la ‘autosuficiencia’.
La economía actual
Bien es cierto que en el contexto de una economía y una sociedad GLOBAL, levantar muros, retomar el proteccionismo localista como respuesta a problemas coyunturales, regresar a la autarquía no parece una solución ni aceptable en lo intelectual ni acertada en lo práctico: es nadar contracorriente cuando, además, no sabemos a donde queremos ir.
Pero también es cierto que la historia nos ha enseñado lo peligroso que resulta depender de otros para nuestro propio bienestar. En España vemos el ejemplo paradigmático del Turismo. Indiscutiblemente es el motor de la economía española. En situaciones normales es el sector que más riqueza le aporta con más de un 14% del PIB. Cierto. Pero también lo es que en situaciones anormales este MOTOR SE GRIFA y no depende de nosotros el ponerlo en marcha: por muy bien que estén nuestras instalaciones, por muy profesional que sea el servicio, por mucho que la relación calidad precio sea excepcional (y ni esto depende ya de nuestros esfuerzos sino del balance comparativo con otros mercados turísticos) si el país emisor de turistas (Alemania, Inglaterra o China) tiene una crisis, económica, política o social, y deja de emitir turistas, acaba trasladará su crisis a nuestra economía de tal manera que no sólo caerá nuestro PIB sino que, de manera indirecta, pagaremos en diferido parte de la factura de esa crisis foránea.
De la misma forma, cada vez hay más evidencias que demuestran que la apuesta por las fuentes de energía renovables no debe obedecer sólo a razones sentimentales, ambientalistas o al miedo a un apocalipsis climático QUE NOS ABOQUE A LA EXTINCIÓN, sino que es además una inteligente manera de mejorar los índices económicos, sanear las cuentas y de disponer de remanentes económicos que podremos invertir en lo que más nos interese.
Así, basta recordar la crisis del petróleo que sufrió todo el planeta en la década de los años 70’ del pasado siglo, originada por una posición de dominio y control absoluto del mercado del petróleo en manos de unos pocos, para entender el riesgo que supone la dependencia energética y dejar que las decisiones de otros marquen nuestras posibilidades de desarrollo y, con él, nuestro sistema de protección social.
El Pacto Verde Europeo
En este sentido, conviene fijarse en un detalle que recoje la documentación elaborada por la Unión Europea en el marco del ‘PACTO VERDE EUROPEO’ con el que se quiere dar forma a la Ley Europea del Clima. En esta documentación se señala que -si se cumple el calendario previsto para reducir la dependencia de combustibles fósiles en el escenario 2030-2050- se ahorrarían 100.000 millones de Euros en el próximo decenio y HASTA 3 BILLONES DE AQUÍ A 2050. Una hermosa cantidad, sobre todo si la ponemos en relación con otros gastos éticamente irrenunciables como son, por ejemplo los 45.000 millones de euros de déficit de la Seguridad Social en este pasado 2020, o los 750. 000 millones de euros con que la Unión Europea ha dotado a su FONDO EXTRAORDINARIO DE RECUPERACIÓN con el que quiere hacer frente a los estragos que la Covid-19 ha generado en la economía comunitaria.
Así las cosas, no es de extrañar (y así lo ha subrayado la ONU tal y como recoge esta información de la AGENCIA EFE) que las energías renovables se hayan cuadruplicado en el último decenio. Habría que tener en cuenta dos aspectos muy interesantes de esta información. El primero es que la subida más importante la ha experimentado la energía solar “que al principio de 2010 se situaba en 25 gigavatios y al acabar 2019 llegará a los 638, que es la electricidad suficiente, por ejemplo, para proveer a casi 8 de cada 10 hogares en Estados Unidos”.
El segundo detalle, no menos llamativo y -si se quiere- mucho más significativo desde el puno de vista geopolítico, es que en los últimos diez años China suma una inversión en renovables de “758.000 millones de dólares (685.000 millones de euros), lo que supone más del doble que lo gastado por el segundo país de la lista, Estados Unidos, que en diez años invirtió 356.000 millones de dólares (322.000 millones de euros)”. Ni que decir tiene que la parte del león de esta inversión -”88.500 millones de dólares, 80 millones de euros, en 2018” se la lleva la energía solar.
Es evidente que estas inversiones poco o nada tienen que ver con un mayor respeto por el medio ambiente y sí están directamente relacionados con la voluntad de estos países -en especial del gigante asiático- de seguir ocupando un lugar hegemónico y dominante entre las economías mundiales.
La energía solar es ya una realidad necesaria para impulsar el desarrollo económico de una sociedad
➢ Su necesaria implementación no sólo se justifica por criterios medioambientales sino que es, además, la respuesta económica más ventajosa para lograr una sociedad competitiva.
➢ La suficiencia alimentaria, hídrica y energética se vislumbran como los objetivos claves para asegurar el desarrollo de cualquier sociedad en un futuro inmediato.
➢ El desarrollo de la energía solar se perfila como uno de los factores clave para desarrollar cualquier proyecto de ‘economía circular’
